Psicología y alto rendimiento

PSICOLOGÍA EN EL ALTO RENDIMIENTO

 

Retomando el artículo de la semana pasada donde explicábamos diversas historias olímpicas que reflejaban el duro trabajo al que se someten los deportistas olímpicos, hoy profundizaremos más en el deporte de alto rendimiento a nivel psicológico.

Un deportista de alto rendimiento se caracteriza no tanto por su talento sino porque es capaz de desempeñarse deportivamente a niveles muy superiores que se materializan en resultados y productos como medallas y récords, lo que requiere un proceso de formación agudo de al menos 15 años, aunque los ciclos de preparación son particulares a cada deporte, al igual que los ciclos de competencia (García-Naveira, 2010).

Un aspecto que suele ignorarse en los deportistas de alto rendimiento es su destreza psicológica, que es precisamente la que le permite rendir a niveles superiores respecto a habilidades como la atención, la concentración, la motivación y el control emocional (en aspectos como la autoeficacia y el autoconcepto) y mental (García-Naveira, 2010).

El deporte de alto rendimiento le exige especialmente a la psicología y sus áreas de intervención planes de preparación psicológica fundamentales respecto a la atención y la concentración, el control de pensamientos limitantes, el afrontamiento, el control/regulación emocional, la autoconfianza, la autoeficacia y la motivación.

Un aspecto fundamental en la psicología del alto rendimiento deportivo es la autoconfianza -la creencia de que se puede realizar satisfactoriamente una conducta deseada (Weinberg y Gould, 1996)-, pues se considera que este factor distingue particularmente a los deportistas de élite de los de menor rendimiento, ya que resulta fundamental para vencer el miedo a situaciones desventajosas, rendir adecuadamente, perfeccionar y/o adquirir las destrezas necesarias, esforzarse intensamente y fijar metas más altas.

En suma, la autoconfianza permite activar emociones positivas, facilitar la concentración, perseverar en los objetivos, aumentar el esfuerzo, mejorar las estrategias durante la competencia e incrementar el ímpetu psicológico (Weinberg y Gould, 1996). La autoconfianza está estrechamente relacionada con la autoeficacia, que en la teoría de Bandura (1977, 1986) funde los conceptos de expectativa y confianza y se considera como “una forma de autoconfianza específica de la situación”.
La autoeficacia (la creencia o el juicio de una persona sobre sus capacidades para desempeñarse en algo) es un mecanismo cognitivo que media entre la motivación de las personas, los patrones de pensamiento y la conducta (Feltz, 1995). Respecto al alto rendimiento, la teoría cognitivo-social de la autoeficacia (Bandura, 1986; Feltz, 1984) resulta especialmente útil porque predice un buen desempeño dependiendo de ciertas fuentes de información sobre la eficacia (logros de ejecución, experiencias vicarias, persuasión y estados psicológicos) que suelen ser de gran calidad en el deporte de alto rendimiento (quizá más que en cualquier otro ámbito).

En cuanto a la motivación, existen numerosas teorías e investigaciones al respecto que enfatizan en uno u otro aspecto del alto rendimiento deportivo, como la teoría de la motivación de logro, la teoría cognitiva de la atribución (Heider, 1958; Weiner, 1972) la teoría de la necesidad de logro (Atkinson, 1974; McClelland, 1961), la teoría de la asociación cognitiva (Dosil, 2004), la teoría de las metas de logro (Duda, 1993) y las teorías sociocognitivas (Bandura, 1977; Harter, 1980; Dweck, 1986). Muchas de éstas resultan útiles en el campo del alto rendimiento en tanto contemplan diferentes perspectivas (centradas en el deportista, en la situación o en la interacción de ambas) y diferentes aspectos de la motivación relevantes en aspectos distintos del alto rendimiento. Por ejemplo, la teoría de las metas de logro resalta el desarrollo de la competitividad, mientras que la teoría de la atribución resalta aspectos más socioemocionales, como la estabilidad, las expectativas y las influencias emocionales (Weinberg y Gould, 1996).

Respecto a la motivación hay que tener en cuenta que la fama o el dinero no mejoran la motivación porque no satisfacen las necesidades psicológicas de autonomía, competencia y emparentamiento, aspectos que se suelen dejar de lado en el alto rendimiento pero que resultan primordiales para la motivación.

 

Referencias bibliográficas

 

Bandura, A. (1977). Self-efficacy: Toward a unifying theory of behavioral change, Psychological review, 84, pp- 191-215.

Bandura, A. (1986): Pensamiento y acción. Barcelona: Martínez Roca.

Dosil, J. (2001). Aproximación a la psicología del deporte. Orense: Gersam.

Dosil, J. (2003). A modo de introducción: visión diacrónica de la psicología del deporte en España. Revista de psicología general y aplicada, 56, 407-412.

Dosil, J. (2004). Psicología de la actividad física y del deporte. McGraw-Hill.

Feltz, D.L. (1995). Comprensión de la motivación en el deporte: una perspectiva de autoeficacia, en: G. C. Roberts, Motivación en el Deporte y el Ejercicio. pp. 123-137, Bilbao: Desclée de Brouwer.

Feltz, D.L. (1984). Self-efficacy as a cognitive mediator of athletic performance, en W. F. Straub y J. M. Williams (eds.), Cognitive sport psychology (pp. 191-198), Lasing, NY, Sport Science Associates.

García-Naveira, A. (2010). El psicólogo del deporte en el alto rendimiento: Aportaciones y retos futuros. Papeles del Psicólogo, 31 (3), pp. 259-268.

Serrato, L. (2005). Psicología del deporte. Kinesis: Armenia.

Weinberg, R. (1992). Establecimiento de metas y ejecución motora: análisis y crítica. En G. C. Roberts (ed.), Motivación en el Deporte y el Ejercicio. pp. 215-239, Bilbao: Desclée de Brouwer.

Weinberg, R. y Gould, D. (1996). Fundamentos de psicología del deporte y el ejercicio físico. Ariel S. A.: Barcelona.

 

 

Cristina Bernabé

Psicóloga Deportiva

cbernabe89@gmail.com

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