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La perserverancia

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LA PERSEVERANCIA

 

Un aspecto importante a trabajar en la Psicología deportiva es el cambio de actitud en la pista o campo. Normalmente son los padres u otros familiares quienes se quejan de la actitud que presentan los deportistas, y es que desde fuera es más sencillo darse cuenta de ello. Tenistas que ante un fallo importante se enfadan y tiran la raqueta, golfistas que van haciendo aspavientos y quejándose durante el recorrido de un hoyo después de meter la bola al agua, jugadores de baloncesto que al llevar el marcador en contra se centran en la actuación del árbitro, etc. En definitiva, actitudes que dificultan el estar centrado en la tarea, proporcionan información valiosa a los rivales sobre el estado anímico en el que se encuentra el deportista, pero, sobre todo, que inciden negativamente en el mantenimiento del esfuerzo, favoreciendo que en algunos casos el deportista llegue a tirar el partido o competición. En este contexto, es necesario hacer ver a los deportistas que lo malo no es cometer fallos sino dejar de esforzarse para superarlos.

 

Si bien en el ámbito de la Psicología y más concretamente de la motivación se ha hablado mucho de la importancia de marcarse metas realistas, concretas, medibles, etc., así como de las acciones que hay que llevar a cabo para conseguirlas, se ha tratado menos el mantenimiento del esfuerzo, es decir, la perseverancia de los deportistas.

 

La perseverancia consiste en mantener una conducta a pesar de la ausencia o baja frecuencia de una recompensa. Así, un tenista será perseverante cuando intente llegar a todas las bolas aunque no lo consiga en todas las ocasiones; un golfista será perseverante si al golpear cada bola se centra en llevarla por el recorrido marcado, aunque no siempre lo consiga; los jugadores de baloncesto serán perseverantes si luchan por cada balón en defensa, aunque no consigan robarlo en todas las jugadas. De esta forma, la perseverancia aumenta la resistencia a los efectos negativos de la ausencia de recompensa deseada.

 

Pero ¿cómo mejorar la perseverancia de un deportista?

 

Para dar respuesta a esta cuestión es necesario ahondar algo más en el funcionamiento de la motivación.

La característica principal de una conducta motivada es la de estar orientada a la consecución de una determinada meta o reforzador relevante. Cuando se produce una carencia de este reforzador o meta, se activa un estado motivacional cuya función es producir un estado del organismo que facilite la iniciación de conductas orientadas a su consecución. Por ejemplo, si un equipo de fútbol tiene como objetivo controlar el balón el mayor tiempo posible de un partido, y uno de sus jugadores pierde el balón se activará en él un estado motivacional que le impulsará a robar el balón al equipo contrario.

Este estado motivacional varía en función de la meta perseguida en cada momento y conlleva una serie de cambios cognitivos y subjetivos como la activación de expectativas, la evaluación y representación mental de las metas y reforzadores o la iniciación de procesos de planificación y solución de problemas. Además, el estado motivacional puede alterar temporalmente la jerarquía de conductas más o menos probables, influyendo en la elección entre las posibles acciones a ejecutar en un momento dado. Teniendo en cuenta esto, cuando el tenista falla una bola importante, el golfista mete la bola en el agua o el equipo de baloncesto va abajo en el marcador se activa en ellos un estado motivacional que será distinto en función de la meta perseguida. Entre otras, la meta puede ser: hacer ejecuciones perfectas, ganar, descargar la tensión acumulada (por ejemplo, tirando la raqueta, increpando al árbitro), dejar de sufrir (por ejemplo, dejarse ganar para que el partido termine cuanto antes), etc. Los estados motivacionales activados por cada una de estas metas conllevan una serie de cambios cognitivos y subjetivos que permitan realizar acciones orientadas a la consecución de dichas metas. Uno de los cambios cognitivos más relevantes es a nivel atencional. En función de la meta perseguida, el deportista se centrará en la tarea o se descentrará, lo que hará que mejore o empeore su rendimiento.

 

Por tanto, si queremos que el deportista mejore su perseverancia tendremos que hacer hincapié en qué meta quiere perseguir. El deportista ha de decidir de forma voluntaria si quiere seguir compitiendo, prefiere seguir lamentándose de los fallos o prefiere desahogar su enfado. Esa decisión conlleva un cambio en la actitud, y a partir de ella, los psicólogos deportivos podemos ayudar al deportista a conseguir su meta enseñándole las técnicas y estrategias adecuadas para ello.

 

 

Cristina Bernabé

Psicóloga deportiva

 

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